Con el 99,5% de las mesas escrutadas, la tendencia fue irreversible. La candidata del oficialismo y exministra del Trabajo, Jeannette Jara, reconoció tempranamente su derrota tras alcanzar el 41,83% de los sufragios. "La democracia habló y Chile decidió un cambio de rumbo", admitió Jara, sellando el destino de la coalición de izquierda.
Mano dura: El "Plan Implacable" El eje central de la victoria de Kast fue la seguridad. En su primer discurso, ratificó la implementación inmediata de medidas de choque:
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Fronteras: Construcción y reforzamiento de zanjas en el norte para impedir el paso de vehículos y migrantes irregulares.
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Expulsiones: Financiamiento para 2.000 vuelos de deportación (con un costo de $us 300 millones) para extranjeros indocumentados.
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Cárceles: Creación de recintos de máxima seguridad con aislamiento total para líderes del crimen organizado y narcotráfico.
Economía: La "Motosierra" Chilena En el plano económico, Kast anunció un ajuste fiscal agresivo. Su equipo confirmó un recorte del gasto público de 6.000 millones de dólares en los primeros 18 meses, apuntando a la reducción de ministerios y la eliminación de cargos políticos ("apitutados") para sanear las cuentas fiscales.
El nuevo eje La Paz - Santiago La elección tiene repercusiones directas para Bolivia. Kast, quien históricamente ha tenido una postura dura sobre la soberanía marítima, mostró una apertura inédita hacia la administración de Rodrigo Paz Pereira, quien asumió la presidencia boliviana el pasado 8 de noviembre.
"Bolivia se ha quitado el yugo de los amigos de Boric. Miramos con mucha esperanza lo que ha ocurrido allá", declaró Kast tras su victoria. Aunque advirtió que el uso de puertos chilenos estará condicionado a una colaboración estricta en el control migratorio, su mensaje sugiere una alineación ideológica que podría facilitar acuerdos comerciales y de seguridad fronteriza entre ambos mandatarios conservadores.
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