Dunn argumentó que el origen de la crisis actual radica en el exceso de gasto acumulado durante los últimos 11 años. Según su análisis, la "burbuja" del modelo económico finalmente explotó, haciendo que la eliminación del subsidio sea una decisión de emergencia. Rechazó cualquier opción de gradualismo, advirtiendo que "esperar no soluciona el problema, lo ahonda", ya que el Estado carece de recursos para financiar una transición lenta mientras persisten los huecos en las finanzas públicas.
Sin embargo, el economista lanzó una crítica constructiva al Gobierno, matizando el impacto real de la medida. Explicó que si bien el retiro de la subvención ahorra cerca de 2.000 millones de dólares, el déficit fiscal total de Bolivia asciende a 5.000 millones. "La subvención es solo una solución parcial... resuelve prácticamente el 40% del problema", detalló. Por ello, insistió en que el 60% restante debe cubrirse atacando las ineficiencias del sector público.
En esa línea, Dunn calificó al "Estado obeso" y gastador como el "enemigo" a vencer. Propuso medidas drásticas de austeridad gubernamental que deberían acompañar al gasolinazo: el cierre de empresas públicas deficitarias, una reducción salarial importante en el aparato estatal, la eliminación de cargos supernumerarios y la paralización de obras públicas que, a su juicio, suelen estar vinculadas a negociados y corrupción.
El analista concluyó que, aunque la medida es dura para el bolsillo de los bolivianos, la alternativa de no hacer nada habría provocado una herida mucho más profunda, marcada por la falta de dólares y el desabastecimiento crónico que el país ya empezaba a sufrir antes del decreto. Para Dunn, el sacrificio actual debe traducirse a futuro en un retorno de beneficios para la ciudadanía, siempre y cuando se logre equilibrar las cuentas fiscales.
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