Aramayo destacó que la incorporación al Mercosur ofrece a Bolivia un acceso preferencial a un mercado ambicioso y mayor poder de negociación en bloque frente a gigantes como la Unión Europea o Japón. Sin embargo, reconoció que el bloque necesita dinamismo. "Compartimos en gran medida esa posición (del presidente Milei)... un bloque de integración debe permitir que rápidamente se traduzcan las acciones en beneficios para la gente", señaló.
Como medida concreta de corto plazo, el Canciller reveló que ha propuesto a sus pares de Uruguay y Paraguay "relanzar Urupabol", una alianza trilateral estratégica que no se trabaja desde 2014, con el fin de dinamizar la integración física y energética.
Consultado sobre qué no está dispuesto a ceder el país, Aramayo fue contundente al establecer límites. "No podemos sacrificar nuestro medio ambiente... a título de comercio", afirmó, criticando que en los últimos cinco años se quemaron más bosques que en las cuatro décadas anteriores.
Asimismo, enfatizó que se protegerán los sectores económicos emergentes frente a la competencia asimétrica y se evitará la "reprimarización" de la economía. "Necesitamos políticas industriales activas... no seguir exportando rocas y materia prima", sentenció.
El jefe de la diplomacia boliviana hizo una autocrítica sobre la gestión histórica de los recursos naturales. Recordó cómo, en la geopolítica del gas, otros países compraron a Bolivia a "precios políticos bajos" para cuidar sus propias reservas. "Ahora que Bolivia no tiene nada, son los protagonistas del mercado. Estas acciones tan poco inteligentes del pasado son las que tenemos que plantear como líneas rojas", aseveró.
Para el futuro, Aramayo proyecta a Bolivia como un nodo energético y logístico hacia el 2030, aprovechando el potencial hidroeléctrico, el litio y las tierras raras, recursos que hoy ponen al país "sobre la mesa de negociación con otro tipo de peso específico".
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