Una reciente investigación liderada por el consorcio internacional Forbidden Stories ha sacudido el panorama mediático al revelar la existencia de una red de desinformación vinculada a intereses rusos que opera en más de 30 países, incluyendo a Bolivia y Argentina. Según la filtración, esta estructura, denominada internamente como "La Compañía", destinó un presupuesto de 7,3 millones de dólares entre enero y octubre de 2024 para posicionar narrativas favorables a Moscú y debilitar la imagen de Occidente.
Para entender el impacto real de estas operaciones en el país, Panamericana conversó con Marcelo Blanco, comunicador y jefe de información de la plataforma Bolivia Verifica. Blanco explicó que este fenómeno se conoce técnicamente como FIMI (Manipulación e Interferencia de Información Extranjera, por sus siglas en inglés), una práctica donde gobiernos internacionales invierten grandes sumas de dinero con la finalidad de instaurar narrativas a su favor dentro de un país objetivo. Aunque la reciente filtración apunta a Rusia, el experto aclaró que no es una práctica exclusiva de ese país, ya que plataformas aliadas en Europa han detectado injerencias similares provenientes de Irán y Estados Unidos en otros contextos geopolíticos.
Respecto a la situación local, Blanco fue categórico: "El país y la gente como tal no está preparada". Explicó que el principal pilar de defensa debe ser la alfabetización mediática del ciudadano, puesto que la verificación de datos "nunca va a ser tan viral como la desinformación". El objetivo de estas campañas es manipular la información de forma tendenciosa para culpar a un bando enemigo y favorecer a otro.
¿Cómo opera la red en Bolivia y cuáles son sus objetivos?
Rastrear el origen exacto y el financiamiento directo de estas redes es sumamente complejo; sin embargo, los verificadores logran identificar patrones claros. Blanco detalló que el modus operandi suele iniciar cuando un medio prorruso internacional publica contenido tendencioso o falso. Inmediatamente, este contenido es amplificado en Bolivia a través de páginas locales de redes sociales (con nombres genéricos como "Bolivia somos todos") o incluso mediante la réplica en medios estatales. Aunque en el país aún se utilizan herramientas de rastreo algo "artesanales", las alertas de injerencia son constantes.
En cuanto a los temas más susceptibles de ser manipulados por estas potencias extranjeras en Bolivia, el jefe de información identificó dos ejes fundamentales:
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Las Elecciones: Durante las campañas políticas, las redes extranjeras instauran narrativas de miedo. "Decían: no votes por este candidato porque nos va a vender a Estados Unidos, o viceversa, no votes por este porque nos va a vender a los rusos", ilustró Blanco.
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Los Recursos Naturales: Cuando el país atraviesa momentos de convulsión relacionados con sus riquezas estratégicas, como el gas o el litio, la injerencia externa se activa para manipular la percepción pública. La estrategia busca mostrar a un gobierno extranjero como "los buenitos que quieren ayudar", mientras se estigmatiza a los bloques opositores o competidores como aquellos "que te quieren quitar y te quieren robar".
Finalmente, Blanco hizo un llamado a la población a mantener una postura crítica y cuidadosa frente al contenido que consumen en redes sociales, invitando a la ciudadanía a enviar cualquier material dudoso o tendencioso a las cuentas de Bolivia Verifica para su respectivo análisis y desmentido.
