Según los datos preliminares expuestos por el Viceministro, la ocupación hotelera a nivel nacional saltó de un promedio del 40% a un 90% gracias a la ampliación del descanso de 24 a 96 horas. Aramayo explicó que si el feriado se hubiera limitado solo al jueves y viernes laboral, el movimiento económico habría rondado los 165 millones de bolivianos; sin embargo, la figura del "puente" permitió que esta cifra se duplique, beneficiando a toda la cadena de servicios. La autoridad destacó el "efecto multiplicador" del turismo, señalando que por cada boliviano que llega a un territorio, este se multiplica en 1.40, democratizando los ingresos entre transportistas, artesanos, guías y el comercio local.
Mirando hacia el futuro, Aramayo adelantó que se está diseñando un calendario estratégico de feriados hasta el 2030. Aclaró la diferencia técnica entre un "feriado puente" (añadir un día para conectar con el fin de semana) y un "traspaso" (mover la fecha de celebración), indicando que no todas las festividades aplicarán a este modelo . Sin embargo, puso como ejemplo clave el próximo 6 de agosto de 2026, fecha del Bicentenario de Bolivia que caerá en jueves. Para este hito histórico, el Gobierno proyecta consolidar un feriado de cuatro días, trabajando con anticipación en una oferta de productos y servicios diseñados para que los bolivianos celebren viajando por el país .
La autoridad concluyó resaltando que, más allá de lo económico, estos descansos prolongados mejoran la "salud emocional" y la productividad marginal del trabajador al reducir el estrés. A pesar de algunos conflictos sociales aislados y factores climáticos en rutas como la de Coroico, la ciudadanía respondió positivamente viajando y reactivando la confianza en el sistema financiero al inyectar sus ahorros nuevamente en la economía nacional.
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