El sector del transporte pesado de la ciudad de El Alto se ha declarado en estado de máxima alerta debido a las condiciones extremas que enfrentan las unidades motoras y sus conductores en las carreteras del occidente boliviano. Según el representante Ido Montevilla, el intenso frío y las nevadas en zonas situadas a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar están provocando daños técnicos en los sistemas de aire, hidráulicos y eléctricos de los camiones inmovilizados.
Desgaste de combustible y riesgo de averías
Montevilla explicó que, para evitar que las herramientas de trabajo sufran daños irreparables en la culata o el sistema de refrigeración por congelamiento, los conductores se ven obligados a encender los motores varias veces al día, consumiendo el escaso combustible que les queda para el retorno. "Cada día que pasa las unidades están sometidas a esa inclemencia y el auxilio no está llegando", lamentó el dirigente, subrayando que los costos de reparación mecánica deberán ser asumidos íntegramente por los transportistas, quienes ya arrastran pérdidas económicas significativas.
Denuncias de represalias y ataques a las unidades
Uno de los puntos de mayor preocupación para el sector son las agresiones físicas registradas contra los vehículos tras el paso del corredor humanitario el pasado sábado. Montevilla denunció que existen registros en video de bloqueadores atacando con piedras a los motorizados como una forma de "venganza" o represalia.
"Las unidades motoras no tienen ninguna responsabilidad. No tienen por qué agarrarse con nuestras herramientas de trabajo", enfatizó, instando a los comunarios a separar el conflicto político del respeto a los bienes privados de los trabajadores.
Llamado a la solidaridad humanitaria
Ante el agotamiento de víveres y medicamentos en puntos críticos como Desaguadero, Conani y la ruta a Tambo Quemado, la Cámara de Transporte Pesado reiteró su pedido de un "auxilio humano". El dirigente apeló a la comprensión de los sectores movilizados para permitir que los conductores puedan desplazarse a lugares con mejores condiciones de alimentación y refugio, evitando que la crisis derive en más bajas médicas o decesos en la ruta, como ocurrió en gestiones pasadas.
