La Casa Grande del Pueblo fue escenario de un relevo de mando marcado por mensajes contundentes contra las irregularidades internas. Mediante decreto presidencial, Mirko Antonio Sokol Saravia asumió la máxima jefatura de la institución verde olivo, acompañado por Juan Peña Rojas como Subcomandante y Juan Therafrudo Mendoza como Inspector General.
Sokol, quien previamente se desempeñó como comandante en Chuquisaca con un perfil de mano dura, marcó la línea desde su primera intervención. "Mirándolos a los ojos, el ahora Comandante General jamás en su vida ha recibido un solo centavo", aseguró.
Acto seguido, lanzó una advertencia directa a la tropa: "Camaradas, a partir de hoy la orden es que queda totalmente prohibido cobrar un solo centavo. Si su Comandante no lo hace, el último sargento tampoco. No arriesguen su libertad y su profesión". Asimismo, envió un ultimátum a las organizaciones criminales y de narcotráfico: "Váyanse de nuestro país o aténganse a las consecuencias. Se acabó la protección".
El presidente Rodrigo Paz respaldó plenamente al nuevo mando, garantizando un proceso de "despolitización" de la entidad. Sin embargo, su instrucción fue más allá de lo administrativo. El Jefe de Estado exigió resultados en el control territorial.
"Junto a las Fuerzas Armadas y la Policía, quiero ser muy puntual: hay que recuperar soberanía en territorios donde las instituciones no pueden entrar el día de hoy", ordenó Paz, aludiendo a zonas rojas del narcotráfico y la ilegalidad. "De nada vale el discurso si hay territorios donde la ley no se aplica", sentenció.
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