Antonio Sanjinés, responsable de la Unidad de Biodiversidad y Agroecología de Probioma, advirtió que este decreto favorece exclusivamente a las grandes empresas aceiteras internacionales. Esto ocurre en desmedro directo de los productores agrícolas bolivianos y los consumidores.
En entrevista con Panamericana, Sanjinés explicó el severo impacto económico de la medida. Al tener la vía libre para importar soya más barata desde Brasil y Argentina, las empresas transformadoras tendrán una mayor capacidad de negociación. "Les van a pagar un precio mucho más bajo a los productores agrícolas soyeros del país", alertó el experto. Además, lamentó que este ahorro en la materia prima no beneficiará a los consumidores, ya que se acordó un precio interno del litro de aceite de 18.50 bolivianos, mientras que en el mercado internacional cotiza a 10 bolivianos.
El impacto ecológico es otro flanco crítico. Para Probioma, el decreto funciona como un estímulo muy fuerte para la deforestación y un "chantaje" hacia los productores locales para que aceleren sus procesos destruyendo más zonas boscosas si quieren vender su cosecha. Sanjinés recordó que Bolivia ya pierde unas 300.000 hectáreas de bosque cada año. Esta pérdida ha agravado las sequías e inundaciones, fenómenos que le han costado al sector productivo pérdidas por 150 millones de dólares en los últimos años. "Los bosques generan los servicios ambientales que garantizan la producción de alimentos", enfatizó, advirtiendo que su preservación es fundamental para la seguridad alimentaria.
A este panorama se suma un grave riesgo comercial. Actualmente, el 80% de la producción boliviana se destina a la exportación, principalmente hacia la Comunidad Andina de Naciones (CAN), un mercado preferente que compra la producción nacional por obligación. Sin embargo, la soya que ingresará de Brasil y Argentina contiene eventos transgénicos que no están presentes en Bolivia. Al exportar derivados elaborados con esta materia prima extranjera, existe el riesgo de que la CAN decida rechazar los productos y aplicar sanciones comerciales.
Como solución estructural, Probioma propone transitar hacia un modelo de producción de soya orgánica y ecológica, lo que implica una reducción de agroquímicos y la incorporación de los bosques en el sistema productivo. Esta alternativa permitiría acceder a mercados internacionales que pagan precios mucho más altos.
