"El gran problema de BoA es que recibieron una empresa de 22 aviones y hoy operan con 10", diagnosticó Constantino Klaric al analizar los recientes incidentes y demoras que afectan a los pasajeros. El experto explicó que la reducción de la flota ha obligado a forzar los ciclos de vuelo de las aeronaves restantes, pasando de un promedio de 6 a 9 horas diarias, lo que acelera el desgaste técnico.
Para Klaric, la solución pasa por replicar el modelo del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) de hace 30 años. Propuso una privatización parcial donde el sector privado tome el control mayoritario (52%) para garantizar una administración eficiente y libre de injerencia política, mientras el Estado mantiene una participación significativa.
"BoA necesita mínimo 25 aviones operables, de los cuales 15 deben ser de largo alcance para rutas internacionales", detalló el especialista. Incluso sugirió una fusión simbólica bajo el nombre "LAB-BoA" para recuperar el prestigio internacional perdido.
El experto fue crítico con la gestión comercial histórica de la aerolínea. Reveló que BoA dejó de volar a Panamá durante 18 años, cediendo un mercado de 2.000 millones de dólares a la aerolínea Copa. También cuestionó la falta de aprovechamiento de los derechos de "quinta libertad" en Estados Unidos, una ventaja única que Bolivia tiene y no explota.
"Los vuelos a Cuba y Caracas en la gestión anterior fueron un desastre, no iban ni gatos", sentenció, apuntando la responsabilidad del descalabro financiero a la administración del exgerente Ronald Casso, a quien acusó de vender activos valiosos (como un Boeing 767) a "precio de gallina muerta".
Consultado sobre la posibilidad de aplicar una política de "cielos abiertos" para fomentar la competencia, Klaric se mostró escéptico. Argumentó que Bolivia carece de la infraestructura aeroportuaria necesaria (aeropuertos de tres pisos, hoteles integrados) y, sobre todo, de seguridad jurídica para atraer inversores extranjeros. "Nadie va a invertir si no estás con el 100% de seguridad", advirtió.
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