Investigador advierte que el acercamiento a EE.UU. es de "altísimo riesgo" y califica de "ilusión" la política exterior de Rodrigo Paz
En entrevista con Panamericana, el investigador Roger Cortez evaluó las acciones diplomáticas del primer mandatario como una combinación de "candor y necedad". Para el analista, resulta una ilusión descartable creer que Bolivia tiene la capacidad de manejar o manipular su relación con la potencia norteamericana. Cortez describió la actual política de Washington como "paleoimperialista" y desacomplejada, señalando que la reciente doctrina de seguridad estadounidense ha sido rebautizada informalmente como la "Doctrina Donro" (reemplazando a Monroe), en la cual Trump se erige como un emperador cuyas decisiones no pueden ser contradichas por nadie en el hemisferio.
El experto advirtió que el gobierno boliviano se está conformando con "palmaditas amistosas" y con el compromiso estadounidense de facilitarle el acceso a fuentes de endeudamiento internacional. Sin embargo, Cortez enfatizó que el flujo de dólares por deuda no resolverá la crisis, ya que la única salida real es aumentar y diversificar la producción nacional. Además, alertó sobre las graves consecuencias de este coqueteo diplomático, comparando la situación con la de Ucrania, a quien Estados Unidos le está cobrando una dura factura por su ayuda. Según el investigador, bajo la excusa de la lucha contra el narcoterrorismo y el llamado "Escudo de las Américas", EE.UU. podría exigir a Bolivia la militarización en el tema de la coca y reclamar recursos estratégicos como el litio a modo de pago. "El riesgo es demasiado alto, el socio no es socio, sino que tiene alma de patrón desalmado", sentenció.
Finalmente, Cortez cuestionó el alineamiento unilateral del gobierno de Paz, sugiriendo que la política exterior debería apostar por un multilateralismo amplio, buscando asociaciones concretas y coaliciones regionales sin encerrarse "bajo llave" con ninguna potencia, sea Estados Unidos, China o Rusia. Como ejemplo de los errores cometidos en esta búsqueda de aprobación norteamericana, el analista criticó duramente que el primer acto de política externa del gobierno boliviano haya sido brindar su respaldo a Israel. Calificó esta acción como una "respuesta obediente e inmediata a un pedido de Estados Unidos", cuestionando qué beneficio trae para Bolivia apoyar a un Estado señalado universalmente por prácticas de limpieza étnica. Concluyó advirtiendo que este nivel de vulnerabilidad y sumisión pone en riesgo la viabilidad de un gobierno al que percibe como débil y desintegrado internamente.