Historia y Sociedad

Historiador aclara que La Paz vivió una "Revolución Libertadora" en 1809 y plantea repensar su rol como sede de Gobierno

Fiestas julias. (Foto: ABI)
A 217 años de la gesta juliana, el experto desmitificó el uso del término "grito libertario", destacando la organización ciudadana para instaurar un nuevo gobierno. Además, advirtió que el centralismo político ha mermado la vocación comercial y el desarrollo urbano del departamento.

La Paz, 10 de julio de 2026 (Panamericana).– En vísperas de conmemorar los 217 años de la gesta del 16 de julio de 1809, el reconocido historiador Pablo Michel ofreció a Radio Panamericana una profunda reflexión que desafía los paradigmas tradicionales con los que se enseña y celebra la historia paceña, abordando desde la semántica de la revolución hasta los costos actuales de ser el epicentro del poder político en Bolivia.

Revolución Libertadora, no "grito libertario"

El primer punto de análisis del historiador se centró en corregir un error histórico y semántico profundamente arraigado. Michel fue enfático al señalar que en La Paz "no hubo ningún grito y menos fue libertario", aclarando que el término correcto es "Revolución Libertadora".

Explicó que lo "libertario" tiene una connotación anárquica que no respeta vidas ni gobiernos, característica que atribuyó a los levantamientos iniciales en Chuquisaca. Por el contrario, la gesta paceña fue "libertadora" porque instauró de manera estructurada un nuevo gobierno: la Junta Tuitiva liderada por Pedro Domingo Murillo. "Se respetó la vida de todos los peninsulares españoles, todos los realistas, no hubo violaciones, no se incendiaron casas [...] fue una revolución ordenada", detalló el experto.

Una gesta ciudadana e inclusiva

Michel destacó que el 16 de julio no fue un arrebato espontáneo, sino el resultado de un proceso que tuvo un primer intento abortado en 1805. Para 1809, el levantamiento contó con un nivel de organización excepcional que incluyó "un equipo de prensa" mediante la difusión de pasquines.

La revolución tuvo un carácter masivo y transversal. "Estuvieron españoles, estuvieron criollos nacidos acá, estuvieron mestizos, estuvieron aymaras [...] y negros también", relató. La magnitud de la participación fue tal, que cuando el brigadier realista Manuel Goyeneche llegó para sofocar la rebelión, tuvo que frenar los juicios al percatarse de que tres cuartas partes de la ciudad habían participado activa o pasivamente. Como ejemplo del involucramiento civil, Michel recordó que en la casa de la heroína Vicenta Juaristi Eguino se fabricaron rústicamente los cañones para la defensa.

El costo del centralismo y un debate hacia el 2050

En la segunda parte de la entrevista, el historiador analizó el rol contemporáneo de la ciudad. Recordó que, desde la época de los virreinatos, La Paz gozaba de una enorme importancia estratégica y comercial por ser la salida natural hacia el océano Pacífico.

Sin embargo, Michel cuestionó la creencia de que el desarrollo paceño se deba a su estatus de sede de Gobierno (condición que ostenta desde fines del siglo XIX). Por el contrario, argumentó que esta designación "le ha hecho más mal que bien", obligando a la ciudad a sacrificar su esencia y su desarrollo urbanístico para absorber los constantes conflictos políticos del país.

Como ejemplo de este desgaste, el historiador hizo referencia a la reciente asfixia logística que paralizó a la región: "El último sitio lo hemos tenido hace unos cuantos días atrás, casi dos meses [en referencia a los 53 días de bloqueos]". Michel lamentó que la vocación geográfica del valle paceño esté siendo "arrasada" por el centralismo.

Para concluir, el experto lanzó un desafío a las autoridades y a la sociedad civil: "Con mirada ya hacia el 2050, tenemos que empezar los paceños a repensar en serio el tema de la capital y de la sede de Gobierno [...] con debates sinceros, no con debates demagógicos ni chovinistas, sino con una profunda responsabilidad sobre el rol que le va a tocar llevar a La Paz en la segunda mitad de este siglo".